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Diccionario de la Música en el Paraguay

Barrios Agustín (Mangoré)


Nació en San Juan Bautista de las Misiones, el  5 de mayo de 1885. De niño comenzó a tocar la guitarra en su pueblo natal, integrando ocasionalmente la Orquesta Barrios conformada por miembros de su familia. Hacia 1898 fué escuchado por Gustavo Sosa Escalada -principal propulsor del movimiento guitarrístico paraguayo- quien le aconsejó trasladarse a la capital para estudiar en el Instituto Paraguayo. En Asunción, a más de Sosa Esacalada, recibió leciones de Nicolino Pellegrini; paralelamente cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional, periodismo y dibujo. En 1903, en carácter de alumno, actuó por primera vez en el escenario del Teatro Municipal de Asunción y en 1908 se presentó como solista en el Teatro Granados, acompañado por la Orquesta dirigida por Nicolino Pellegrini, y tocando a dúo con Sosa Escalada sus propios arreglos y variaciones sobre aires nacionales. En 1910 emprendió su primera gira artística que se inició en la ciudad argentina de Corrientes, prolongándose a otras provincias, luego a Buenos Aires y Santiago de Chile. Habiendo partido por solo unos dias, regresó al Paraguay recién después de doce años, lapso en el cual, aparte de sus actuaciones completó su formación musical.
 A partir de 1912 se estableció durante cuatro años en Montevideo, Uruguay donde conoció a Martín Borda y Pagola quien fué, amigo, confidente y depositario de sus manuscritos durante décadas. En 1916 se dirigió al Brasil, primero en Sao Paulo y luego recorriendo ciudades y pueblos de todo el país, durante quince años, solamente interrumpios por giras a otros países y una breve estadía en el Paraguay. Curiosamente en 1918, debido a una confusión, con un músico del mismo nombre, los diarios (El diario, Patria y El liberal) de Asunción, anunciaron con sendos artículos su muerte, supuestamente acaecida en la ciudad de Melo, Uruguay dedicándosele escritos laudatorios y comentarios de homenaje. La información fué rectificada ese mismo año y Barrios al enterarse del hecho reaccionó con humor, recordándo años más tarde «yo asistí a mis propios funerales, es rica cosa la muerte». En 1922 regresó al país permaneciendo pocos meses y ofreció, junto a su hermano Francisco -dramaturgo  y poeta- numerosos conciertos y recitales en la capital y el interior, alternándose las interpretaciones instrumentales con lectura de poemas. En ocasiones actuó en dúo de guitarras con su maestro Sosa Escalada y otras con Dionicio Basualdo. En 1923, esta vez con su hermano, realizó una breve gira por países de América. En 1925 partió nuevamente para el Brasil dando inicio a un extenso recorrido por el mundo entero sin regresar, hasta su muerte, al Paraguay. Ese año, en la ciudad de Pelotas contrajo matrimonio con Gloria, de nacionalidad brasileña, quien se constituyó en su compañera inseparable hasta sus últimos días. El guitarrísta era de carácter excéntrico y ciclotímico, sufriendo de largos períodos depresivos en los que incluso abandonaba la práctica de la guitarra y la creación, recurriendo a sus amigos en busca de apoyo moral; otros días dominado por la euforia se encerraba a estudiar  y a componer de manera obsesiva, sin control del tiempo. Hacia 1930, aconsejado por empresarios artísticos que deseaban explotar publicitariamente su misterioso y profundo rostro, de marcados rasgos de indígena, adoptó el sobrenombre de Nitsuga Mangoré (Nitsuga por inversión de Agustín, y Mangoré por el nombre de un cacique Timbú del tiempo de la Colonia). En sus actuaciones de ese tiempo, en las que se lo presentaba como el Paganini de la guitarra del las junglas del Paraguay, en la primera parte actuaba vestido de frac y en la segunda, con atuendo de cacique indígena. Esta modalidad generaba considerable atractivo en el gran público por un lado y fuertes críticas entre los especialistas. A mediados de la década del 30, aconsejado por sus amigos, decidió no utilizar más dicho sobrenombre, aunque hasta el presente en numerosas regiones de América se lo conoce más como: Mangoré. En 1932 y 1933 ofreció concierto en Puerto España, Trinidad, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. En 1934 con el apoyo de Tomás Salomoni, diplomático paraguayo, viajó primero a Cuba y luego a Europa donde dió conciertos en el Real Conservatorio de Bruselas, Bélgica y otras ciudades europeas, y audiciones radiales en Berlin, Alemania. En 1936 regresó a Venezuela donde afreció más de veinte recitales, en 1937 se presentó en Puerto Príncipe, Haití y República Dominicana y en 1938 en Costa Rica y México. Estando en México le sobrevino la crisis de una antigua enfermedad, la sífilis, y las primeras afecciones del corazón. En 1939 recibió el ofrecimiento del Presidente de El Salvador de establecerse en dicho país para impulsar la creación de una escuela guitarrística, siendo nombrado profesor de guitarra del Conservatorio de Música de San Salvador, donde formó a numerosos discípulos y considerado en la posteridad como genio nacional de ese país.
Falleció en San Salvador el 7 de agosto de 1944, a la edad de 59 años, de un ataque del corazón. Sus últimas palabras fueron registradas por sus alumnos «no temo al pasado pero no se si podré superar el misterio de la noche.
La mayoría de los estudiosos de su obra como Sila Godoy y Bacón Duarte Prado de Paraguay, Alirio Díaz de Venezuela, Abel Carlevaro de Uruguay, Leo Brower de Cuba, John Williams de Inglaterra, Richard Stover de EUA y tantos otros, coinciden plenamente acerca de la trascendencia y proyección universal de su obra, ubicando al compositor como el más destacado y representativo creador de música para guitarra en América. Observan además en su centenar de composiciones, la presencia de tres estilos bien definidos que aparecen de manera cronológica a lo largo de su vida, que se presentan en forma paralela a su propia formación técnica y experiencias personales. Así, en sus años juveniles descubre el mundo sonoro del barroco através de la figura de Bach, más tarde la fuerza romántica de la música de Chopin; ambos creadores ejercieron considerable influencia en las mayorías de sus composiciones. En otra faceta de su producción se destaca la presencia de ritmos y melodias de la música hispanoamericana como obras basadas en aires nacionales como cuecas, zambas, choros, tangos, habaneras, temas españoles, así como piezas populares del folklore paraguayo y otras inspiradas en la música de los aborígenes.
Acerca del valor de su obra refiere Bacón Duarte Prado en su libro Barrios, un genio insular «dentro de la concepción estética de Barrios, ocupa un lugar conspícuo el valor de la sinceridad artística, al que asignaba un sitio vertebral. Esta devota inclinación por tal cualidad no es otra cosa que trasunto de su propia personalidad, la cual se singularizaba netamente por la presencia de esta virtud moral en cualesquiera circunstancia y ocasión. Es de destacar como una nota singular de su personalidad artística, el hecho de que Barrios estaba dotado de una poderosa y comprensiva versatilidad, una cualidad inapreciable traducida en el poder de captar en forma intuitiva y casi subitánea lo medular de la vida y el estilo de los pueblos que visitaba, hasta identificarse con ellos por una especie de fagocitosis espiritual, de simpatía y abierta afinidad, dando de tal suerte un íntimo y fidedigno testimonio de su poderoso genio musical «. En tanto que, Sila Godoy en su artículo la muerte del poeta de la guitarra: Agustín Barrios, señala «la parte más viva e interesante de su personalidad de artísta radica en el hecho de que supo expresar y sentir, sin recurrir a fáciles recursos de efecto o de postura, la peculiaridad íntima de la música americana». Su maestro Gustavo Sosa Escalada, al analizar las composiciones de éste, en la década del 30, escribía «bien al decir que Barrios es un innovador de la composición no es al género que nos referimos. Después de la invención de la sinfonía, de la que la sonata no es sino una recapitulación, veremos que se le ocurre a los genios: es con su sistema de modulación a base del acorde espaciado o en postura abierta o separada que el hombre ha modificado la literatura del instrumento. Si a esta característica (armonía) de la estrucura modular de las composiciones de Barrios se agrega el contrapunto que eternamente campea en la instrumentación de todas sus ideas musicales, expediente que solo se encuentra en los autores geniales, como Sor y Aguado, que han producido para la guitarra la complejidad de los enlaces melódicos que usa en la trama de su modulación con la que frecuentemente recorren todo un círculo armónico para ligar los acordes más simples y naturalmente enlazados; su facilidad para modular a distancia, resolviendo  casi siempre, y de la manera más original e inesperadas, un campo trillado de disonancias, cosa si ya difícil en teoría, mucho más en el diapasón de la guitarra, en que la inversión es la regla general, y la construcción directa, la excepción, ya no podemos dudar que nuestro genial artísta haya producido, como dice Martín Gill, una revolución instrumental y armónica en la guitarra». El guitarrísta australiano John Williams afirma en el comentario adjunto a su disco «Barrios fué el más grande compositor para guitarra de todos los tiempos», y el compositor cubado Leo Brower sentencia «Barrios es el primer guitarrísta compositor del Nuevo Mundo, reconocido y de importancia universal. Su música solidamente basada en la técnica de la guitarra: escalas, arpegios, trémolos, uso melódico del bajo con acompañamiento en el agudo, efecto de armónicos y tambor. Las composiciones de Barrios son perfectas».
 Obras: Entre 1910 y 1918:  Las Abejas, Danza Paraguaya, Estudio de Concierto, Mazurka, Apasionata, La Catedral (completada en 1938), Valses 3 y 4, Invocación a mi Madre, Contemplación,  Un sueño en la floresta, Confesión, Madrigal, Gavota y Allegro Sinfónico. Otras obras: Danza macabra, Gran marcha heroica, Sonata a mi madre, Capricho, Loreley, Página de Album, Recuerdo de un sueño, Canzonetta, Madrigal, , Leyenda guaraní,  Maxixe (1928), Aconquija (1928), Tarantella (1928), Contemplación (1928), Minué en si Mayor, Romanza, Invocación a la luna, Danza guaraní, Diana guaraní, Choro de Saudade (1929), Preludio, Recuerdos del Pacífico, Rapsodia Americana, Jota Aragonesa, Armonías de América, Oración de la tarde, Danza en Re menor, Aire Paraguayo, Allegro sinfónico, País de Abanico, Capricho Español, Zapateado Caribe, Una limosna por amor de Dios, Luz Mala, Aire de Guerra, Kyguá Verá, Tú y yo-Gavota, Mabelita-Gavota, Serenata morisca, Danza chilena, Gran Jota, Confesión (1923), Julia Florida (1938), Potpourrí lírico sobre trozos de óperas, Bicho feo-tango humorístico, Melodía en sol, Alborada guaraní,  Trémolo, Canción de la hilandera, Gavota al Estilo Antiguo (1941),  Villancico de Navidad (1943), Ultimo canto (1944) todas  para guitarra sola.
Bibliografía. Música y Músicos del Paraguay de Juan Max Boettner (Ed. Autores Paraguayos Asociados APA 1957). Agustín Barrios un Genio Insular de Bacón Duarte Prado (Ed. Araverá 1985).  Mangoré, 5 números Revista del Centro Sanjuanino de Asunción (1988).  Agustin Barrios, Su entorno, su época y su drama de Saturnino Ferreira Perez (Ed. Comuneros 1990).  Agustín Barrios Mangoré. The Paganini of the Guitar from the Jungles of Paraguay de Richard D. Stover (Maestro Records EU).  Six Silvers Moombeams de R. Stover (Querico Publications. 1992 EUA). Mangoré. Vida y Obra de Agustín Barrios por Luis Szarán y Sila Godoy (Ed. Ñanduti Vive. 1994). 
 Discografía: Barrios como intérprete fue el primer concertista de guitarra en el mundo en realizar grabaciones. A partir de 1910 y hasta los últimos días de su vida, en 1944, grabó numerosos discos. Para los sellos Atlanta y Artigas de Uruguay, entre 1910 y 1913 grabó: Tango N.2 , Tango Don Pérez Freire, Vals Pepita, Vidalita con variaciones, Jota, Milonga (estilo criollo), A mi madre (sonatina), Divagación, La Bananita (tango), Aires criollos, Divagaciones criollas, Oro y Plata (vals de F.Lehar), Marcha Paraguaya de Dupuy, La Paloma (habanera de Yradier), Matilde y Divagación Chopiniana de G. García Tolsa, Madrigal (gavota) de G.Sosa Escalada, San Lorenzo (marcha de G.A. Silva). Entre 1922 y 1929 grabó para el sello Odeón de Buenos Aires, Argentina y de Sao Paulo, Brasil, Aire de zamba, Danza paraguaya, Cueca, Maxixe, Aconquija de la suite andina, Madrigal (gavota), Contemplación (vals), Pericón, Confesión (página de álbum), Souvenir d’un Réve (un sueño en la floresta), Vals N. 3, La Catedral, Oración, Vals N. 4, Armonías de América, Invocación a mi madre, Minuetto en la mayor, Córdoba, aire criollo, Sarita, mazurka, Luz mala (estilo), Junto a tu corazón, Aire de zamba, Invocación a la luna, Tarantella de L.A.Conceicao, Minueto de Beethoven, Capricho árabe de F. Tarrega, Caazapá, Traumerei de R. Schumann, Minueto de F. Sor.
En 1942 grabaciones domésticas hechas por Crosley en El Salvador: Invocación a la luna, Sueño de la muñequita (vals) y Diana Guaraní (danza paraguaya).
Numerosos guitarristas del mundo han grabado a Barrios en las últimas décadas destacándose fundamentalmente los discos de John Williams grabados a partir de 1977, a los que siguieron artistas de la talla de: Laurindo Almeida, Ernesto Bitetti, Abel Carlevaro, Alirio Díaz, Roberto Lara, Sebastián Tapajós, Cacho Tirao, Toquinho, Baltazar Benítez y muchos más.
En Paraguay grabaron sus obras: Sila Godoy, Felipe Sosa, Berta Rojas y Luz María Bobadilla.

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